Un rio dulce de sal
La vida avanza, a su ritmo, o el rimo que cada uno quiera que tenga. Es como un reloj de arena, al que siempre le puedes dar la vuelta. Pero yo veo sal, en vez de arena en ese precioso reloj. Esa sal que tiene que hacerse su camino, pero aunque todos los granitos de sal pasarán, algunos tienen más prisa que otros por pasar por esa estrechez.
Eso me recuerda a las palabras de una persona sabia, que un día me dijo: "La vida es como la sal. Nunca sabes cuanto sal es demasiada y cuanta sal es demasiada poco, al salar la paella".
Ese plato de granos, tan nacional, que se puede preparar en infinidad de sitios. Necesitas elementos básicos igual que en la vida. Aparte de los alimentos, necesitas fuego, un poco de exotismo azafranero, oro líquido en forma de aceite y por supuesto sal, un recipiente y mucho amor. El resto son detalles que pueden hacer la vida más llevadera, o darle un poco de color, como el pollo o el conejo....
Pero no quería hablar de como hacer la paella, sino donde disfrutar de ella. Y me imagino que podría ser al lado de un riachuelo. Un río que represente el caprichoso camino de la vida.
Un río de agua cristalina y fresca, incluso un poco fría. Ese agua, que si te bañas en él te tersa toda la piel y te activa la circulación. Agua que circula y nunca se para. Por ello está pura y viva, dando formas más suaves a las piedras a las que acaricia, limando con ello sus asperezas.
El agua no sabe lo que se va a encontrar, pero no tiene otra opción que seguir. Puede llegar a una charca y quedarse estancada o puede seguir, pero de alguna manera u otra siempre encuentra su camino. La fuerza de agua no se debe de desestimar. Y por mucho que la mano del hombre intente contenerla, una pequeña fisura en el mas fuerte pantano puede hacer reventar la presa mejor construida... aunque esté construida por los ingenieros alemanes mas sesudos...
Ese río de agua fresca, que viene de la nieve, se va haciendo su camino. Y a veces va más rápida y a veces mas lenta. Siguiendo los caprichos de la naturaleza.
Hay muchísimos ríos. Todos válidos y todos, de alguna manera u otra, acabarán el en mar, mezclando su frescura con la sal. Antes nos podía calmar la sed, pero ahora ya no la podremos beber. Pero su inmensidad nos puede alimentar el alma. Calmar nuestra hambre.
Hambre de una buena paella. Sentado al lado de un riachuelo de agua dulce y viendo como el fuego sigue calentando la paellera.
Habré echado suficiente sal, o demasiado... No lo sabré hasta que la saboree. Tengo confianza de que si.
En el menú ponía:
Plato del día:
Paella Carpe Diem.
Precio: La voluntad.
Postre: Algo muy muy dulce.
Hoy me voy a permitir tomarme un poste.

Pantera dijo
Ese río podríamos decir que es como el destino, como la vida, que no se puede parar, pero si se puede moldear de acuerdo a lo que buscamos y queremos.
Puede que muchas veces por diferentes circuntancias nos encontremos perdidos y desubicados en la vida es normal... siempre hay momentos buenos y malos, lo importante es saber enfocar bien toda esa energía que tenemos y ponemos en cada acción, tratando de ser lo mas transparente en nuestras acitudes, evitando herir, sino mas bien como dice Apoloaleman "acariciando y limando asperezas", dejando ir y dejando pasar, no queriendo tener todo en nuestras manos, si no unicamente lo que creemos que es valioso para nosotros y para nuestra vida!
Llegando con esto a nuestro destino, pero un destino creado deacuerdo a nuestros sueños, y no simplemente al caprichoso camino de la vida.
18 Noviembre 2008 | 05:14 PM