Una picadura de mosquito
Suena una dulce canción interpretada por Stacy Kent y la sensación de elegancia invade mi cuerpo. La serenidad de descubrir el que es lo importante en esta vida. La felicidad de saber que aunque sea imposible, una lluvia de amor sobre este mundo curaría todos nuestros males.
Si es posible en cambio tumbarse por la noche en una playa de arena, que todavía conserva el calor del sol y ver el cielo estrellado esperando que alguna estrella fugáz alimente nuestra esperanza de que no sólo sea una, sino toda una lluvia de estrellas que locamente surcan el firmamento y llenen de luz aquel momento de serenidad y de paz.
La arena que calienta mis pies fue alguna vez una enorme roca. Puede hacer sido un trozo de lava salido de las entrañas de la tierra. O simplemente una roca que estuvo allí siempre. El aire, el agua y el inexorable paso del tiempo ha convertido esa roca en suave arena.
Una piedra se puede pulir hasta el extremo de ser suave al tacto. Tan suave que no puedes parar de tocarla. Tan suave, que la adicción es como la picadura de un mosquito que te ha trasmitido alguna locura temporal. Una dulce locura que hace nuestros labios sonreir y y poder recordar esa lluvia de estrellas. Una piedra que puede estar colgada de un collar. Una piedra que puede acariciar la más suave piel femenina igual que la canción de Stacy Kent acaricia mi alma.
Una piedra que unida al collar es una expersión artísitica.
Una expresión de lo que este mundo necesita ahora.
Una expresión de amor.
El 24 de dieciempre es el día más corto del año. Y la noche más larga.
Con el frío invierno ni los mosquitos salen a la calle.
Me tomaré un Gin Tonic para que no me de la malaria.
Feliz Navidad a tod@s